jueves, 16 de septiembre de 2010


LA HISTORIA DE JEAN
Sor Laidys A. Peguero Rodríguez HCCS
(arzobisprensa@hotmail.com)

Nació en una familia pobre, sus padres se conocieron en el mercado donde ambos vendían frutas, poco tiempo después de su nacimiento, el padre los abandonó, la madre tuvo que salir sola adelante, tenía que ir a vender frutas con Jean en sus brazos. Cada noche llegaba a su casa con los pies cansados y llenos del polvo del camino.

Jean crecía y no conocía otra cosa que la casa y el mercado, cuando tuvo la edad, la madre hizo un gran esfuerzo para enviarlo a la escuela y el era feliz aprendiendo mucho. Un día Jean estaba sólo en casa y una vela que estaba cerca de la cama desató un incendio, los vecinos rompiendo una puerta salvaron a Jean, pero por las quemaduras su rostro y parte de sus brazos quedaron literalmente desfigurados. Después de una larga recuperación Jean volvió a la escuela, en muchas ocasiones sus compañeros se alejaban de él y le tenían miedo, solo uno que otro trataba de hablarle.
Jean se volvió un niño solitario. Cuando pasaba por un lugar veía las caras de las personas y en sus adentros decía “¿Por qué me miran así, por qué siento que me temen? En su mente se dispuso a obviar todas las palabras, todas las miradas, se acercaba a las personas con mucho amor, para eliminar el rechazo que infundía en ellas. Fue creciendo y se volvió el joven más amable, a quien todos buscaban, el más alegre y el más disponible, pese a sus cicatrices. Encontró el amor con una compañera de estudio, se hizo médico y no había en el pueblo otro como él, todos le decían el médico amable, se casó con aquella joven, con su amor, afrontó la muerte de su madre, cuando dio las gracias a los que lo acompañaron en ese momento de dolor dijo: “Soy lo que soy gracias a mi madre, que por su entrega se hizo también padre para mi”.

Un día estando en el hospital trajeron a un hombre moribundo, el cual le provocó una gran compasión, lo atendió como a todos, pero algo le hacía acercarse más a él. El hombre no tenía salvación, entonces el recordó el abandono de su padre, al cual no conoció, sostuvo fuerte la mano de aquel hombre y dijo silenciosamente: “Padre yo te perdono por abandonarme” en ese momento las lágrimas brotaron de los ojos de aquel hombre y murió… Era su padre.

Jean continuó su vida, creó una campaña que instruía a madres solteras en el cuidado de sus hijos; se hizo especialista en cirugía plástica, pero nunca se operó, pues decía: “Mis cicatrices han conducido mis pasos hacia el éxito”, Jean vivió feliz, tuvo dos hijos los cuales crecieron en el amor y la comprensión familiar.

Querido lector: identifica las cicatrices de tu vida y permite que ellas te lleven a ver la vida diferente y a caminar hacia el éxito.

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