sábado, 8 de agosto de 2015

Escrito por la partida de un ser querido.



En algunos momentos de mi día vuelve tu recuerdo a mi y trato de gritar, pero no me escuchas, te has ido.

Tu recuerdo me secuestra y hay un nudo en mi gaganta, sólo mi corazón conoce mi corazón.

Inclino mi oído para escuchar tu voz, pero no la escucho.  Me acerco para sentir tu cariño, pero mi piel sólo percibe una gran distancia, imposible de estrechar.  Levanto mis ojos hacia todas partes, pero ellos no pueden verte.

Mi ser entero descubre tu ausencia, sólo me queda tu recuerdo, tu puro, limpio y tierno amor por mí. Se que estás en algún lado, más sólo tu ausencia está conmigo, ella es dura y me causa dolor, pero creo que si la uno a la gente que aún sigue conmigo y me ama, podré llevarla, aunque para eso necesite tiempo, oración y sanación.

Autor: Sor Laidys Peguero, HCCS

miércoles, 10 de junio de 2015

Tu estabas allí


Dedicado al Padre Benjamín González Buelta SJ. 


Sea Dios bendito por la sabiduría con la que ha adornado a este sacerdote Jesuita. 





Título: Tu estabas allí. 

Estaba ahí, esta mañana, cuando al despertar, sentí la vida de nuevo. No se si lo descubrí mientras me miraba, quizás no, pero se que allí estaba, cerca de mi, lo más profundo de mi ser lo sentía.

Más tarde, me buscó, pero esta vez no fue tan fácil percibir su presencia, ya que se sentó al lado de una niña inquieta de mi aula de clases, mi mirada sólo se posaba sobre las acciones malcriadas de la niña, lo que provocaba en mi cierto malestar. Pensaba en mis adentros "he preparado mi clase de este día muy bien, esta niña no lo va a estropear" me cegué de tal manera que cuestionaba esa actitud de la niña y no era capaz de tener para ella ningún gesto de acogida, ni comprensión, hasta que la niña se me acercó, tenía muchas cosas que reprocharle, pero su expresión, todo lo cambió, me dijo: maestra puede escucharme un momento, la miré sin mayor implicación y ella me dijo como estaba de triste, por la molesta situación de su casa, su madre y su padre la regañaban constantemente, según ellos todo lo hacía mal, sólo su abuelo a veces le ponía un poco de atención, pero era un jugador compulsivo y no estaba casi nunca en casa. 

Como gota de agua fría me cayó todo lo que me decía, entonces comprendí que ella sólo estaba tratando de esquivar aquel cúmulo de emociones y lo hacía a través de su mal comportamiento.Solo pude abrazarla y sentir que mis brazos eran su protección en ese momento.

Este acontecimiento cambió mi día, fui comprendiendo, no sólo a la niña, sino a todos los que ese día entraron en contacto conmigo. Sólo al final del día, cuando me detuve de mis prisas, pude darme cuenta, que fue él, quien presente en cada momento, fue llevando mis pasos junto a los suyos y al estar allí en silencio, meditando mi día le dije: gracias Dios eterno, por tu presencia a lo largo de este día, eres tu, nadie más, a ti te vi al despertar, a ti al caminar, a ti al trabajar, a ti te vi en la niña, a ti te vi en todo, pero sólo hasta ahora, en el silencio de mi noche, en la soledad, es donde descubro esta certeza: tu estabas allí, tu estás en todo.

Autora: Sor Laidys A. Peguero HCCS